Permafrost: una catarsis transformada en ficción

Nada mejor que un lugar cálido y con el aroma del chocolate caliente para sumergirse en las páginas de este libro que aborda temas incómodos. Foto: Ariana Guevara Gómez

 

Es curioso cómo un trabajo de redacción prescrito como terapia se convirtió en el germen de la novela Permafrost; y es que escribir fue la tarea que le encargó a Eva Baltasar una psicóloga para aclarar y ordenar ideas sobre su pasado. Lo que empezó como una labor de introspección, fue gradualmente ganando intencionadamente elementos fantásticos hasta que decidió darle la vuelta al planteamiento y trabajarlo como una obra de ficción, y precisamente esta catarsis por medio de la escritura aportó a Baltasar lo que necesitaba para abandonar definitivamente la terapia.

La historia, que cuenta con innegables elementos vivenciales, no es autobiográfica. Simplemente pone en boca del personaje principal algunas de sus ideas y opiniones sin ningún tipo de cortapisa. La trama nos presenta en distintos escenarios, tanto geográficos como temporales, a una mujer con un fuerte instinto de muerte producido por su vacío existencial. Todo gira en torno a un personaje sin nombre que narra en primera persona episodios clave de su pasado y que alterna con otros de la actualidad. Se trata de una mujer intensa, egocéntrica, lesbiana, amante del arte y la literatura, alérgica al compromiso, sexualmente muy activa, sin remilgos en mentir con frecuencia a los demás, aunque al tiempo dolorosamente lúcida y honesta consigo misma.

Un chocolate caliente con unos churros hacen la compañía perfecta para las alusiones gélidas de esta lectura. Foto: Ariana Guevara Gómez

Durante la obra se tratan temas incómodos como la aceptación de relaciones tóxicas en el seno familiar, la normalización del abuso de fármacos para enmascarar la infelicidad crónica o la posibilidad de no desear la maternidad bajo ningún concepto. Pero la cosa no se detiene ahí: Baltasar aborda también temas tabú como el suicidio —idea que acaricia constantemente nuestra protagonista— o el despertar sexual, describiendo, por ejemplo, cómo se masturba por primera vez una muchacha fantaseando con las chicas que le gustan. Todo se arremolina en una tormentosa huida hacia adelante, con la sombra de la muerte fuera de foco pero con una presencia constante. Porque cuando nada te ata a la vida, no hay proyectos de futuro y la realidad se percibe en un eterno presente.

Tuve la suerte de asistir a la presentación de Permafrost el pasado 13 de noviembre de 2018, de la mano de Gabriela Wiener en la librería Mujeres de Madrid. Allí se diseccionaron aspectos interesantes de la obra y pudimos preguntar a la autora sobre el libro. Así nos enteramos de curiosidades como, por ejemplo, que el término “permafrost” “permagel” en el original catalán lo escuchó en un documental de naturaleza y le pareció un título perfecto, pues simboliza esa actitud fría y acorazada que impide un intercambio de emociones con el exterior. Igualmente nos confesó que intentó pasar su propio texto del catalán al castellano, pero que resultaba algo plano y sin alma, como la tanscripción automática de una máquina; en contraste, estaba contentísima con el trabajo de traducción de Nicole d’Amonville, del cual Baltasar afirma “reconocer su propia voz” en el texto traducido. Comentamos también lo flojos que resultaban sus casi inexistentes personajes masculinos y nos confirmó haberse dado cuenta de eso a posteriori, y que al no ser una novela planificada, sino desarrollada sobre la marcha refleja su universo personal, básicamente habitado por mujeres.

Esta es una lectura que, pese a los temas complejos que aborda, goza de un estilo ágil y atractivo. Foto: Ariana Guevara Gómez

Con todo, tras siete meses de escritura, Eva Baltasar nos ha dado un libro ágil, con capítulos muy breves y de cierto lirismo, que lo hacen de lectura agradable, pese a lo descarnado, contundente, incorrecto y en ocasiones delirante de los acontecimientos. Un buen equilibrio entre la frescura de su prosa y el poso que deja esa “verdad” que contiene. Pero no creáis que quedará ahí la cosa, porque Permafrost formará parte de un tríptico dentro de un mismo imaginario literario pero con distintos personajes; nos esperan en el futuro otras dos obras suyas que tocarán respectivamente la vida en pareja y la maternidad… pero eso es ya otra historia.


El fragmento

«Un suicida con éxito es hoy un héroe. El mundo está lleno de desaprensivos titulados en primeros auxilios, se hallan por doquier, discretos y grises como palomas, agresivos como madres. Desafían la muerte ajena con masajes cardíacos y precisas maniobras de Heimlich».

 

 

 

 

 

 

 

 


Sobre la autora

Eva Baltasar (Barcelona, 1978) cursó estudios de pedagogía en la Universitat de Barcelona, y filosofía en la Freie Universität de Berlín. Su dedicación profesional ha estado vinculada fundamentalmente a la educación. Tiene publicados diez libros de poesía con varios premios en su haber, y su hasta ahora única novela ha sido galardonada con el Premi Llibreter 2018 del gremio de libreros de Cataluña.

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