Todos deberíamos ser feministas: ¿podré serlo?

En Gourmet Experience, un área gastronómica que se encuentra en el piso 9 del Corte de Inglés de Callao, se puede conseguir una vista maravillosa de la ciudad de Madrid. ¿Y por qué es el lugar perfecto para este libro? Porque combina elegancia y buen gusto, dos elementos que se aprecian en una de las salidas que hace la autora con un amigo y que le permite ejemplificar las desigualdades entre hombres y mujeres. Además, es un lugar inspirador para leer. Foto: Ariana Guevara Gómez

 

Este libro de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie tiene argumentos que invitan a pensar en el feminismo como una lucha tanto de mujeres como de hombres

Tengo que admitir que nunca he sido una persona muy entusiasmada con todo lo que se refiere al feminismo; me parecía que el feminismo se empeñaba en una falsa lucha, que lo que conseguía era afianzar más al hombre en un sociedad machista —aceptémoslo, la sociedad actual es machista—, pues cuando las mujeres asumen roles, trabajos o tareas asignados al género masculino, sin dejar de lado las tareas consideradas propias del género femenino, los hombres tienden a relajarse e, incluso, volverse más machistas. Eso es así porque los hombres no solo quieren mandar en el hogar y evitar las tareas de la casa, sino que además pretenden que las mujeres traigan el pan a la casa y se encarguen de los niños; y lo peor de todo (muchos machistas dirían que es lo mejor) es que las mujeres lo permiten y siguen recargándose de labores bajo la excusa de que ellas son feministas. Y se equivocan.

Para mí, eso no es ser feminista. Yo mismo no sabía o, mejor dicho, no había entendido lo que era ser feminista hasta que comencé a leer Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie, un texto basado en una charla TED. Con esta lectura me di cuenta de todos los prejuicios que existen sobre las feministas que, como todos los prejuicios, están equivocados y provienen del comportamiento de ambos géneros. Pero lo que más me impresionó fue entender la facilidad con la que se pueden superar esas barreras, pues todo el entramado existencial del feminismo descansa en la correcta interpretación de la palabra igualdad. Este término debe ser visto desde cualquier punto de vista: laboral, profesional, personal, educativo, social, político, etc.


No importa si el lugar es bullicioso o tranquilo: esta lectura es sencilla y directa, y se puede reflexionar sobre ella en cualquier sitio. Foto: Ariana Guevara Gómez

Según nos expone Chimamanda Ngozi Adichie, tanto mujeres como hombres somos iguales, quitando, por supuesto, las diferencias biológicas que son más que obvias. Por lo tanto, debemos ser tratados con las mismas condiciones, el mismo respeto y un ideal común, que a fin de cuentas es ser feliz. Pero es aquí donde recaen los principales obstáculos que hacen que no seamos iguales: a unos se les motiva a la independencia, al coraje y a la aventura, mientras que a otras se les obliga a seguir la cordura, la estabilidad y la sumisión.

Tal como reflexiona la autora, el hombre sí puede perseguir sus sueños, pero las mujeres solo pueden lograr los suyos si tienen a un hombre “bueno” al lado —o mejor dicho encima— que las guíe en el camino, ya sea el marido, el jefe o el padre. Si el hombre se mete en problemas, no es reprimido como sucedería si fuese una mujer; las mujeres tienen una virginidad que perder y los hombres… pues no se sabe.

Recomiendo acompañar este libro con una bebida fuerte, que haga pensar en esa fortaleza que anida en hombres y mujeres, sin distinción. Por cierto, esta bebida me la pagó mi esposa. Quienes hayan leído esta obra entenderán por qué hago esta aclaratoria. Foto: Ariana Guevara Gómez

Como vemos, desde pequeños se nos enseña a que un género debe sobresalir y el otro debe obedecer, algo que genera conflictos, ideas extremistas y prejuicios. Por ejemplo, me causó gracia que la autora hiciera referencia a esas concepciones que indican que las feministas no se bañan, no se afeitan, no le gustan los hombres ni los perros, y otras tonterías que se pudieran evitar si tan solo enseñáramos tanto a hombres como a mujeres (y uso esas palabras en vez de niños y niñas, porque también hay que educarlos desde pequeños a que eso es lo que serán, hombres y mujeres independientes) a tener aspiraciones sin distinción de su género, a ser los mejores, a no discriminar; en pocas palabras, a ser iguales.

Definitivamente, lograr la igualdad no es sencillo pero tampoco es imposible. La autora nos ofrece una base firme para empezar, que personalmente apoyo desde que leí este libro. Siento que, al igual que yo, con su lectura, muchas personas se sumarán a la lucha por la igualdad.


El fragmento

“En un momento dado llegué a ser una feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

 


Sobre la autora

Para conocer más sobre Chimamanda Ngozi Adichie, les recomiendo leer la reseña de La flor púrpura, en la que se presenta una breve biografía. Hacer clic aquí.

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