Permiso de residencia: más allá de un documento

El café Kraftwerk, en el centro de Zúrich, Suiza, es el lugar perfecto para leer con tranquilidad
estas historias llenas de sensibilidad, escritas por  la ecuatoriana María Fernanda Ampuero. Foto: @svirig

 

Como todas las reseñas de este mes, este texto forma parte del reto #LeoAutorasOct, que busca darle visibilidad a las escritoras

María Fernanda Ampuero es una autora valiente, incómoda, sincera. Una mujer que, con gran sensibilidad, se acerca a temas incómodos y en este libro -una recopilación de sus crónicas periodísticas sobre la migración ecuatoriana a España- nos cuenta lo que significa llegar a otro lugar, empezar desde cero y crear eso que se llama hogar.

Estas historias sobre migración se pueden leer en cualquier parte, pero un sitio tranquilo, con un sillón mullido y una decoración agradable, será verdaderamente perfecto. Foto: @svirig

Ella misma cambió de patria para escribir, sentir y conocer de primera mano todo lo que hemos vivido los que, por los motivos que sean, decidimos dejar nuestro país y empezar en una nueva patria. Retrata el camino que muchas veces no ha sido fácil. Se adentra en la vida y pasa casi a formar parte de esa gran familia que se crea a la distancia. Busca las historias que los ecuatorianos (y migrantes latinoamericanos) van construyendo en Madrid, Barcelona o Murcia. Ciudades todas que antes nos sonaban lejanas y que hoy son parte del mapa ecuatoriano. Pero también narra cómo Riobamba, Ambato, Cuenca, Guayaquil y Loja se empezaron a conocer en España, cómo estos migrantes ayudaron a construir un metro, a cuidar niños y ancianos, a construir edificios o recolectar naranjas. Cómo esos ecuatorianos -y latinoamericanos- fueron y son parte activa de esa nueva sociedad. Cómo se han mezclado los acentos y enriquecido el idioma.

Cada una de las 45 historias que se presentan en este libro retratan no solo una parte de ese camino que ha tenido que recorrer el que se va, sino también mucho de la historia actual de esa nueva patria. Una España rica, en pleno crecimiento, que después se transforma con la llegada de esa monstruosidad llamada crisis económica. Años duros, en los que muchos lo perdieron todo. Españoles y ecuatorianos, juntos nuevamente, intentando salir de esta situación y recordándonos que la historia del mundo está hecha de viajes, de idas y vueltas. Hace 20 años eran los ecuatorianos los que llegaban a los aeropuertos de Madrid o Barcelona, ahora son venezolanos, sirios, eritreos, senegaleses los que buscan una nueva vida, otra oportunidad.

Hay partes de este libro que hacen reír, y otras que hacen llorar. Para acompañar cualquier sentimiento lector, nada mejor que un refrescante té de yerba mate. Foto: @svirig

Permiso de residencia es un libro de muchas historias que se repiten y se repetirán, no importa de dónde seas ni adónde vayas, es un libro para la memoria, para que recordemos de qué estamos hechos. Que te lleva a momentos hilarantes, como cuando un bus cargado de mujeres solteras, que buscan pareja, llega a un pueblo donde las esperan muchos hombres que buscan compañía. O puedes llorar al leer cómo una mujer que cuida niños en España, busca, cada domingo, los locutorios (cabinas de Internet) para hablar con sus hijos pequeños a quienes no puede cuidar.

Este libro, publicado en 2013 en Ecuador, es una lectura a la que puedes regresar siempre que quieras, no pierde actualidad porque en el fondo todos estamos moviéndonos, reinventándonos y renaciendo constantemente. Son historias que muestran el valor y el empeño del ser humano por encontrar su lugar en el mundo.

 


El fragmento

“Parecen chiquillas, pero en realidad son mujeres que han vivido mucho, que han dejado a sus seres queridos en su tierra de origen y que, una más que otra, guardan en el alma desgarros profundos, inmensos.

—Ay, si yo te contara —dice Gloria, una dominicana de cuarenta y cinco años, mientras se pone más -aún más- rímel.  Pero no cuenta.

—No te voy a contar porque no es día para llorar, sino para ligar. A ver si vienen esos muchachos que nos prometieron.

Vuelve al salón frotándose las manos.

(…)

La noche es oscura y fresca en Zarzuela del Monte. El bus espera para llevarse a las mujeres de vuelta al frenesí laboral de Madrid, al lugar donde la banda del pueblo no te hace calle de honor, a la vida real. Se suben ante la mirada de los hombres y les lanzan besos volados desde la ventana.  Ellos se envalentonan demasiado tarde.

—¡Quédate!

—¡Vuelve!

—¡Guapa!

Las susodichas sonríen y agitan la mano como quinceañeras.

Nadie les quita lo bailado”.


Sobre la autora

María Fernanda Ampuero es escritora, nació en Guayaquil, Ecuador, en 1976 y estudió literatura. Escribe narrativa de ficción y de no ficción. Sus escritos han sido publicados en Internazionale (Italia), Samuel (Brasil), Piauí (Brasil), Quimera (España), Frontera D (España), Anfibia (Argentina), Gatopardo (México), Soho (Colombia/Ecuador) y Mundo Diners (Ecuador). Cuenta con dos libros publicados: Lo que aprendí en la peluquería y Permiso de residencia. En 2015 ganó el premio Hijos de Mary Shelly con su cuento “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”. Edita la sección de cuento del suplemento cultural del diario español ABC y dicta clases en el Máster de Periodismo ABC-Complutense. Forma parte de varias antologías de relato y de periodismo literario. En 2012 fue elegida como uno de los 100 latinos más influyentes de España, país en el que vive desde 2005.

 

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