Los cuentos de Beedle el Bardo: historias infantiles para magos

Los cuentos de Beedle el Bardo deben leerse en un lugar que inspire magia. Y, para mí, ese sitio es la Sierra de Madrid durante los días nevados. Lo asocio con las excursiones que hacían los estudiantes de Hogwarts a Hogsmead en diciembre. Foto: Zvonimir Ilovaca

 

Esta es una reseña subjetiva, escrita por una amante ciega de la saga de Harry Potter. La colección de relatos, que son como los cuentos de hadas del mundo no mágico, es una traducción de Hermione Granger

Si yo hubiese estudiado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, habría escuchado mucho antes Los cuentos de Beedle el Bardo. O, quizás no. Tal vez, como Harry Potter y Hermione Granger, me hubiera enterado de la existencia de estos cuentos infantiles casi en mi último año de estudios. Pero, en todo caso, de haber crecido en el mundo mágico, no habría tenido que esperar tanto tiempo para adentrarme en estos relatos, escritos por Beedle en el siglo XV.

La edición que tengo fue escrita por J.K. Rowling, pero realmente es una traducción de las runas, hecha por la propia Hermione. Los cinco relatos son el equivalente a los cuentos de hadas del mundo de los muggles: fábulas que representan la lucha entre el bien y el mal, o que ayudan a entender algunos de los misterios de la condición humana. Por ejemplo, “La fuente de la buena fortuna”, uno de mis favoritos, narra la historia de tres brujas y un muggle que emprenden el camino para llegar a una fuente mágica, en la que sólo uno podrá bañarse para curar su tristeza más profunda. En la ruta descubren muchas cosas sobre sí mismos y sobre el poder de la determinación.

En Venta Marcelino, un pintoresco local en el Puerto de Cotos, en la Sierra de Madrid, no venden cerveza de mantequilla. Pero el chocolate caliente y el bizcocho de vainilla
son también buenos acompañantes para esta lectura corta, especialmente si se hace en un lugar frío. Foto: Ariana Guevara Gómez

También está “El corazón peludo del brujo”, que muestra lo que puede sucederle a quien vive con egoísmo y pretende apartar el amor de su existencia. O, por supuesto, “La fábula de los tres hermanos”, que se hizo famosa en Harry Potter y las reliquias de la muerte, y que habla de la imposibilidad de los humanos, tanto magos como muggles, de convertirse en seres inmortales. También muestra lo que puede ocurrirle a quienes buscan con avidez el poder o a quienes quedan anclados en el pasado.

Los relatos son, sin duda, originales, pero lo mejor de todo el libro son las notas a pie de página de Albus Dumbledore. Rowling aclara que el profesor dejó estas anotaciones en Hogwarts, como parte de su testamento. Se trata de interpretaciones de los cuentos y su contexto, con algunos datos históricos sobre el mundo mágico. Incluye también citas de pensadores, como el filósofo de la magia Bertrand de Pensées-Profondes —me causó muchísima gracia este nombre, porque en español su apellido se traduciría como Pensamientos-Profundos—, que en una de sus obras ofrece esta conclusión sobre la posibilidad de revivir a los muertos con la magia: “Olvidémoslo. Nunca lo conseguiremos”.

Este libro puede leerse en cualquier parte. Pero ya que estamos en un ambiente frío,
lo mejor es tener la vista de una ventana nevada y una chimenea muy cerca para adentrarse en estas historias mágicas. Foto: Zvonimir Ilovaca Leiro

A lo largo de las notas, se deja ver la personalidad del viejo profesor. Es algo maravilloso para quienes seguimos con tanta emoción la historia de Harry Potter. No quisiera adelantar mucho más, pero no puedo dejar de compartir un comentario de Dumbledore que me hizo reír mucho. En una de sus reflexiones apunta: “Algunos de los magos más destacados del mundo eran pro-muggles”. Nota al pie de página: Como yo. Por si a alguien le quedaba la duda.

Es verdad que Los cuentos de Beedle el Bardo son, como Animales fantásticos y dónde encontrarlos, un empeño por exprimir hasta la última gota —y el último centavo— de una historia fantástica de éxito. Pero seamos honestos: los fanáticos a morir de la saga de Rowling —nota al pie: como yo— se deleitarán con esta pequeña muestra adicional de ese mundo mágico que parece no tener fin. Menos mal.


El fragmento

Del cuento “La fábula de los tres hermanos”

“Había una vez tres hermanos que viajaban a la hora del crepúsculo por una solitaria y sinuosa carretera. Los hermanos llegaron a un río demasiado profundo para vadearlo y demasiado peligroso para cruzarlo a nado. Pero como los tres hombres eran muy diestros en las artes mágicas, no tuvieron más que agitar sus varitas e hicieron aparecer un puente para salvar las traicioneras aguas. Cuando se hallaban hacia la mitad del puente, una figura encapuchada les cerró el paso.

Y la Muerte les habló. Estaba contrariada porque acababa de perder a tres posibles víctimas, ya que normalmente los viajeros se ahogaban en el río. Pero ella fue muy astuta y, fingiendo felicitar a los tres hermanos por sus poderes mágicos, les dijo que cada uno tenía opción a un premio por haber sido lo bastante listo para eludirla”.


El dato

Seguro que ya esta información es conocida por todos los amantes de la saga, pero no está de más recordarla: la web www.pottermore.com contiene datos sobre los personajes de la historia completa de Harry Potter, descripciones de las casas y hechizos, y textos inéditos de J.K. Rowling. Es ideal para darse un gusto por un rato largo (Advertencia: no abrirlo en horarios de oficina; el tiempo se esfuma sin que uno se dé cuenta).



Sobre la autora

Joanne Rowling nació el 31 de julio de 1965, en un hospital en las afueras de Bristol, y, tal como dice su biografía oficial, pasó su infancia en Gloucestershire, Inglaterra, y también en Gales. Joanne siempre estuvo rodeada de libros y empezó a escribir desde muy pequeña. Cursó Francés y Estudios Clásicos en la Universidad de Exeter. Después de divorciarse, abandonó Portugal, donde residía desde hacía un par de años, y se fue a vivir a Escocia con su hija . Ya en 1990 había surgido la idea de la historia de Harry Potter, mientras se encontraba en un tren desde Manchester hasta la estación de King’s Cross de Londres. Por eso, durante su vida como madre soltera siguió lo que había empezado: en sus pocos ratos libres escribía, casi siempre a mano, la evolución del joven mago. Finalmente, en 1997 se publicó Harry Potter y la piedra filosofal Harry Potter and the Philosopher’s Stone, que en Estados Unidos recibió otro título: Harry Potter and the Sorcerer’s Stone—, con el nombre de J.K. Rowling. La letra K la agregó en honor a Kathleen, su abuela paterna, y decidió llevar ese nombre por la recomendación de su editor, quien le aseguró que un nombre abiertamente femenino quizás reduciría el interés de los jóvenes lectores —y hay quienes dicen que ya no existe la desigualdad de género, pero ya ese es otro tema—. En el año 2000, tal como señala Biography Channel, los tres primeros libros de la saga ya habían generado unas ganancias de 480 millones de dólares en apenas 3 años, y contaba con 35 millones de copias en 35 idiomas. En 2012 J.K. Rowling publicó su primera novela para adultos, Una vacante imprevista, y también ha escrito novelas policiales bajo el seudónimo de  Robert Galbraith.

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