El bigote: la transformación de una simple broma

La lectura de El bigote se debe hacer en un espacio cómodo, en donde quien recorre las palabras de Carrère se sienta seguro y relajado.  Foto: Andrea Miliani

Emmanuel Carrère juega con el lector en esta novela que presenta una premisa aparentemente absurda

Esta novela cortísima del francés Emmanuel Carrère parte de una idea muy simple: ¿qué pasa si un hombre se afeita el bigote frondoso que usa desde hace muchos años? Al igual que el protagonista, tal vez, pensaría que su esposa y sus conocidos harían algún comentario y que su rostro cambiaría por completo. Sin embargo, la reacción de sus allegados no es la que él esperaba, nadie parece notar su nueva imagen.

Comienza como un chiste tonto que se va transformando en una broma más pesada. Luego, juega con la mente del protagonista y del lector. A medida que avanzamos en el libro, el autor convierte la premisa en una tesis absurda y trastornada que nos llena de curiosidad y hace que queramos saber qué es lo que realmente está pasando.

Un té y almendras pueden ser excelentes acompañantes para calmar la ansiedad que genera la lectura. Foto: Andrea Miliani

A pesar de que no soy fanática de las experiencias kafkianas, esta novela me pareció muy divertida. Logré trasladarme a París en los años 80 y recorrer la cotidianidad de un arquitecto que se siente perturbado ante el poco interés de sus seres queridos por su cambio de apariencia. Creo que es muy interesante leer sus pensamientos. Como agentes externos, podemos burlarnos del razonamiento de este individuo, pero creo que Carrère hizo un excelente trabajo al trasladarnos a la mente humana.

También, como mujer, entendí un poco más sobre el arte de afeitar y el valor que le dan algunos hombres a su barba —que ahora está más de moda que el bigote— y a tener pelos en la cara. De hecho, hice el ejercicio de preguntar a algunos amigos barbudos cómo se sentirían si se afeitaran la cara sin advertir a nadie y que luego ninguna persona cercana les dijera nada al respecto. Un amigo me preguntó afectado ante tal hipótesis: “¿Pero por qué me tratarían así?”.

Es bueno salir a algún parque y —preferiblemente— observar a hombres con bigotes o barbas mientras leemos las reflexiones del protagonista. Foto: Andrea Miliani

El bigote es un libro que se puede leer en una tarde o en un fin de semana. Tiene menos de 200 páginas y, a pesar de que a veces divaga mucho, mantiene al lector interesado en lo que va a pasar y en saber quién tiene la razón. Es difícil comentar más sin caer en spoilers, además, vale la pena llegar hasta el final, que es bastante sorprendente.

 


 

El fragmento

“Era ridículo, evidentemente; podía seguir jugando al juego cinco minutos más si eso divertía a Agnès, pero iba a terminar resentido con ella, lo adivinaba; conque más valía dejarlo. Solo que le tocaba a ella dar el primer paso, y allá penas si, por haber tardado demasiado, no le quedaba nada mejor para salir del trance que un trivial «no estás mal, ¿sabes?»; bastaba con que lo dijese amablemente. Y, además, incluso si le parecía feo, lo importante era decirlo. Pero, al parecer, ella no quería. Qué cabezota, pensó.”


El dato

El bigote fue adaptado al cine en 2005: La Moustache. La dirigió el mismo Emmanuel Carrère y la protagonizó el actor Vincent Lindon. Carrère ganó un premio en el Festival de Cannes como mejor director.


Sobre el autor

Emmanuel Carrère nació en París en 1957. Es uno de los autores franceses contemporáneos más conocidos y aclamados por sus obras con influencias de Kafka y Capote, a este último por su cercanía a la realidad y la cotidianidad de sus historias. Publicó su primera novela L’Amie du jaguar en 1983, luego Bravura en 1984 y El bigote en 1986. También se ha relacionado mucho con el cine, ha escrito guiones y fue jurado del festival de Cannes en 2010 y 2012. Su último libro es una compilación de crónicas, Conviene tener un sitio adonde ir, publicado por Anagrama el año pasado. También en 2017 ganó el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

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