Un cuarto propio: la independencia femenina

El mejor lugar para leer este libro es un café que tenga una buena luz y un ambiente relajado. Yo escogí Golfo de Bizkaia, en el centro de Madrid, pues su tranquilidad a las 4:00 pm es ideal para sumergirse en estas reflexiones profundas. Foto: Zvonimir Ilovaca Leiro

Un cuarto propio es un libro imprescindible que invita a reflexionar sobre el rol de las mujeres en el mundo de la literatura y en la sociedad

Cuando vi un video de Los libros de María Antonieta sobre Virginia Woolf, me quedé sorprendida: María dice que se leyó Un cuarto propio en dos días, pero que, en realidad, se puede leer completo en una tarde. Sé que cada quien tiene su ritmo de lectura, pero la diferencia es abismal. Yo tardé dos semanas y media en terminar esta obra de apenas 120 páginas. Es verdad que leo muy lento, pero también hay que decir que este libro se tiene que degustar paso a paso y con placer, como un buen postre de chocolate.

Se trata de un ensayo denso —resultado de unas conferencias que dictó Woolf— que ofrece reflexiones sobre la situación de las mujeres en el mundo y, en especial, en el ámbito de la literatura. Su lectura invita a reflexionar sobre la desigualdad entre hombres y mujeres, y, si bien se publicó en 1929, su contenido aún tiene vigencia. La edición que leí, además, fue traducida por Jorge Luis Borges, así que es fácil imaginar el hermoso resultado de esa combinación de autores. Desde la primera página se pueden leer frases geniales. Hay una que, aunque quizás es irrelevante, me dejó encantada: “En la ribera opuesta, lloraban los sauces en perpetua lamentación, la cabellera desatada sobre los hombros”. Una belleza.

Creo que lo mejor es acompañar esta lectura con un café, como el que tomó la propia Virginia cuando pensaba en que, más que el voto femenino, lo realmente importante en su vida fue enterarse de la herencia que le dejó su tía: una garantía de su independencia y tranquilidad. Foto: Ariana Guevara Gómez

Ahora, más allá de los asuntos formales, hay razones de peso para decir que Un cuarto propio —también traducido como Una habitación propia— es uno de los libros más importantes que he leído. Cada página, cada frase, tiene muchísima profundidad, además de esa fina ironía tan propia de las mentes brillantes. Terminaba 3 páginas, anotaba en mi cuaderno y me quedaba pensando un buen rato.

La premisa que plantea Woolf es que para poder dedicarse a la literatura, las mujeres necesitan dinero y una habitación propia en la que no tengan distracciones ni molestias. Y eso, lamentablemente, es una excepción: desde hace muchos años, las mujeres han estado predestinadas a otras labores, distintas a la producción intelectual.

Una de las partes más memorables es la que dedica a reflexionar sobre una hipotética hermana de Shakespeare, con talentos parecidos para la literatura. En resumen, dice que si ella hubiese intentado tener éxito, lo más probable es que no lo hubiera conseguido: el hecho de tener un genio para la escritura, frustrado por la realidad circundante, la hubiese llevado al suicidio.

Porque, señala, es cierto que generalmente los escritores, sin importar su sexo, tienen que afrontar una serie de obstáculos para lograr su meta, pero para las mujeres el asunto ha sido aún peor: “Es harto evidente que aun en el siglo XIX la mujer carecía de todo estímulo si quería ser artista. Al contrario, la desairaban, le pegaban, la sermoneaban y la exhortaban. La necesidad de hacer frente a esto y de refutar aquello, tiene que haber torcido su mente y disminuido su vitalidad”.

Hay que huir del bullicio para acompañar a Virginia Woolf en sus reflexiones sobre el rol de la mujer en el mundo intelectual. Es recomendable llevar una libreta y un bolígrafo para hacer anotaciones. Foto: Zvonimir Ilovaca Leiro

Por eso dice que, como las mujeres han tenido que soportar esas vejaciones, en muchos casos han manifestado esa rabia en su literatura. Y así la obra pierde fuerza, porque en lugar de pensar en sus personajes, la autora expresa sus propias frustraciones. Una de las que escapó a esta tentación, señala, fue Jane Austen, que escribió por placer y sin trabas, así como Shakespeare.

En este sentido, me pareció interesante esta propuesta que hace Virginia Woolf: para que una obra sea realmente trascendental, no debe ser ni completamente masculina ni femenina, sino andrógina. Porque la realidad es así: los hombres y las mujeres son claramente diferentes, pero se debe buscar el enriquecimiento mutuo en lugar de la competencia y el desdén. No quiero contar mucho más, así que solo voy a decir que, en resumen, Un cuarto propio es una obra tan reveladora, profunda e impactante que todos deberían leerla alguna vez.


Algunos fragmentos

Es imposible elegir uno solo

“Una mujer nacida con un gran talento en el siglo XVI se hubiera enloquecido, se hubiera tirado un balazo, o hubiera acabado sus días en una choza solitaria, fuera de la aldea, medio bruja, medio hechicera, burlada y temida. Porque no se precisa mucha habilidad psicológica para saber que una muchacha de altos dones que hubiera intentado aplicarlos a la poesía, hubiera sido tan frustrada e impedida por el prójimo, tan torturada y desgarrada por sus propios instintos contradictorios, que debía perder su salud y su cordura”.

“Sería una pena que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o parecieran hombres, porque si apenas dan abasto dos sexos, considerando la amplitud y variedad del mundo, ¿cómo nos manejaríamos con uno solo? ¿No debe la educación desarrollar y reforzar las diferencias, más bien que las similitudes?”.

“Es fatal para el que escribe pensar en su sexo. Es fatal ser un hombre o una mujer pura y simplemente; hay que ser viril-mujeril o mujeril-viril. Es fatal que una mujer acentúe una queja en lo más mínimo; es fatal que defienda cualquier causa hasta con razón; o que hable deliberadamente como mujer. Alguna colaboración debe realizarse en la inteligencia entre el hombre y la mujer antes que el acto de la creación se pueda cumplir. Algún enlace de contrarios tiene que haber consumado. Toda la mente debe estar abierta de par en par y así tendremos la certeza de que el escritor está comunicando su experiencia con plenitud perfecta. Tiene que haber independencia y tiene que haber paz. No debe rechinar ni una rueda, ni chispear una luz. Las cortinas deben estar corridas. El escritor, pensé, una vez realizada su experiencia debe recostarse y dejar que su mente celebre su boda en la oscuridad”.


Sobre la autora

Adeline Virginia Stephen nació el 25 de enero de 1882, en Londres. Tuvo tres hermanos y cuatro medios hermanos —sus papás estuvieron casados anteriormente con otras personas y enviudaron antes de contraer matrimonio entre ellos—. En su círculo familiar había una fuerte conexión con la alta sociedad y los artistas de la época. Virginia nunca fue a la escuela, pero fue educada en casa y se nutrió de la inmensa biblioteca victoriana de la familia. Dos de sus hermanos fueron a Cambridge, y allí uno de ellos, Thoby, conoció a Leonard Woolf, Clive Bell, Saxon Sydney-Turner, Lytton Strachey y Maynard Keynes, el núcleo del Grupo Bloomsbury. Gracias a este contacto, Virginia conoció a Leonard, con quien se casó en 1912. Ya para este momento, la autora había empezado su camino en las letras y también sus crisis depresivas. La primera de ellas ocurrió en 1895, después de la muerte repentina de su madre, y a partir de allí sufrió varias recaídas e intentos de suicidio. Algunos estudios señalan que, de acuerdo con sus escritos y sus datos biográficos, Virginia sufrió de neuroprogresión, un deterioro que ocurre en algunos pacientes con trastorno bipolar. En todo caso, Virginia mantuvo su trabajo literario hasta el final. Entre 1925 y 1931 se publicaron cuatro de sus obras más importantes: La señora Dalloway, Al faro, Orlando y Las olas. Después de terminar Entre actos, que salió a la luz póstumamente, Virginia sufrió una nueva crisis que la condujo al suicidio: el 28 de marzo de 1941 se puso un abrigo, llenó los bolsillos de piedras y se lanzó al río Ouse. Las autoridades encontraron su cuerpo tres semanas después.

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