Americanah: una historia de raza y migración

Es mejor leer este libro en un lugar que recuerde a las propias raíces. Para mí, ese sitio es Cacao, un restaurante venezolano muy acogedor. Foto: Zvonimir Ilovaca Leiro

 

Esta novela de Chimamanda Ngozi Adichie habla sobre raza y migración, a través de una historia de amor que nace en Nigeria

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie fue mi gran descubrimiento literario del año pasado. Después de que leí su primera novela, La flor púrpura, quedé con ganas de probar todos sus trabajos. Por eso, decidí continuar con Americanah, una novela que prometía hablar de dos temas que me llamaban la atención: la raza y la migración. Y tengo que decir que no me defraudó y que mis altas expectativas quedaron completamente cubiertas.

La protagonista del libro es Ifemelu, una joven perteneciente a una familia nigeriana de clase media, que empieza una relación con Obinze, hijo de una profesora universitaria. Después de que las clases en la Universidad de Nsukka quedaran suspendidas por las huelgas de profesores, Ifemelu decide pedir la visa para estudiar en Estados Unidos. Una vez allí, se da de bruces con una realidad compleja: no solo debe afrontar los problemas asociados a toda migración —la falta de trabajo, la adaptación a las nuevas costumbres, la nostalgia por la tierra que se deja atrás—, sino que también debe lidiar con un asunto nuevo: su negritud. Así lo dice en cierto momento: “Yo vengo de un país donde la raza no era motivo de conflicto; no pensaba en mí como negra, y me convertí en negra precisamente cuando llegué a Estados Unidos”.

Con su agudeza, Ifemelu no solo critica la discriminación, sino también la condescendencia, ese empeño de algunos de abordar el asunto de la raza con excesiva sutileza o con un dejo de lástima. Para contarle al mundo lo que piensa, decide abrir un blog, que se convierte con el tiempo en una referencia. En él reflexiona sobre Barack Obama, sobre las diferencias entre los negros estadounidenses y los no estadounidenses, sobre el pelo y los productos de belleza. El pelo afro tiene un componente indispensable en esta narración, como un reflejo de la aceptación de la propia identidad.

Obinze, por su parte, se va a Inglaterra, y allí se encuentra con otro problema común entre las personas que migran: la ilegalidad, el sufrimiento de los papeles. Debe trabajar muchísimo y aprender a pedir ayuda. Ambos personajes, después de evolucionar a su manera, regresan a Nigeria. Eso le sirve de excusa a la autora para hablar de otro tema interesantísimo: la adaptación a la tierra de origen, ese sentirse extranjero en el propio país, la construcción de una nueva identidad basándose en el aprendizaje del extranjero y en la cultura propia.

No hay nada mejor para acompañar un libro sobre migración que una buena comida del terruño. El papelón con limón, los tostones y las arepas fueron un buen maridaje para esta historia. Foto: Ariana Guevara Gómez

Justamente lo que más me gustó de este libro fue el uso de la historia de amor y las vidas íntimas de los personajes como una herramienta para hablar de temas importantes. Yo me sentí muy identificada con todo lo que se contaba sobre el proceso migratorio, y también pude sentir empatía hacia otros asuntos que no tenían mucho que ver con mi historia personal. Y eso es así porque los personajes están muy bien hechos, tienen voz, fuerza y muchas dimensiones. Ifemelu puede llegar a ser insoportable con su arrogancia, y Obinze, aunque intenta mantener sus principios, consigue su estatus económico por una vía poco honesta y después toma decisiones que le hacen daño a otros. Son personajes imperfectos, como la gente del mundo real.

De los personajes secundarios, me encantó el de la tía Uju, que vivió una relación con un militar de alto rango del gobierno. Esta es una de sus reflexiones: “Verás, vivimos en una economía basada en lamer culos. El mayor problema de este país no es la corrupción. El problema es que hay mucha gente cualificada que no está donde tendría que estar porque no le lame el culo a nadie, o no sabe qué culo lamer, o ni siquiera sabe lamer un culo. Yo tengo la suerte de lamer el culo adecuado”. Más adelante, muestra una de las evoluciones más drásticas de todas. En su proceso de migración, se le agria el carácter y muestra problemas de adaptación con los que muchos migrantes pueden sentirse identificados.

Un lugar cómodo, con una luz tenue y un ambiente sosegado, es ideal para sentirse como en casa durante la lectura de este libro. Foto: Zvonimir Ilovaca Leiro

A eso habría que sumar el estilo de escritura, que ya me había fascinado en La flor púrpura. Se hace muy fácil de leer, y además cuenta con diálogos brillantes y descripciones bellísimas. Hay una sobre el harmatán que es maravillosa.  

Ahora, si tengo que hacer una crítica, diría que en ciertos momentos el ritmo de la narración baja un poco, cuando se ofrecen conversaciones que reflexionan sobre uno de estos asuntos complejos. No me molestó especialmente, pero sí reconozco que en algunos momentos me desesperé porque quería saber qué pasaba con la historia. De todos modos, son partes maravillosas, que invitan a la reflexión. Sin duda, es un libro muy recomendable para entender asuntos que afectan a muchísimas personas, y una lectura que no deja de ser hermosa y esperanzadora.


Dos fragmentos

“En Lagos el harmatán era un simple velo caliginoso, pero en Nsukka era una presencia rabiosa y voluble; las mañanas eran tonificantes, las tardes plomíferas y las noches impredecibles. A lo lejos se formaban torbellinos de polvo, hermosos de ver siempre y cuando se mantuvieran a distancia, y se arremolinaban hasta revestirlo todo de una capa marrón. Incluso las pestañas”.

“Queridos negros no estadounidenses, cuando tomáis la decisión de venir a Estados Unidos, os convertís en negros. Basta ya de discusiones. Basta ya de decir soy jamaicano o soy ghanés. A Estados Unidos le es indiferente. ¿Qué más da si no erais ‘negros’ en vuestro país? Ahora estáis en Estados Unidos”.

 

 

 


Sobre la autora

Para conocer algunos datos biográficos de Chimamanda Ngozi Adichie, se puede consultar el final de la reseña de La flor púrpura aquí

 

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